Las palabras por si solas no llegan más allá que su significado etimológico. Las palabras, aunque exclamadas, al vacio no dicen nada. Las palabras sin su contexto son baldías. En esto radica gran parte de la magnificencia de este discurso y lo que para todo el mundo llego a significar y cambiar. Nos encontramos en 1963, cuando en Sudáfrica el apartheid estaba a treinta años de dejar de ser una realidad sangrante; en Washington, capital de USA, primer país con constitución en la que se propugnaba la “igualdad para todos los hijos de Dios”; ante el monumento erigido en memoria del primer presidente que vió también a los afroamericanos como hijos de Dios e intento abolir la esclavitud aunque aquello acabo por costarle su propia vida; ante miles de oyentes, negros y blancos ansiosos de cambio. Aquí palpita el verdadero sentido de estas palabras, aquí habita la clave para entender su lenguaje cargado de metáforas e intertextualidades asequible también para los oyentes de la más humilde condición
En su día, cada una de las colonias británicas de América estableció su propia declaración de derechos, destacando la “declaración de derechos del buen pueblo de Virginia” de 1776, mismo año de su declaración de independencia que rezaba “sostenemos como verdades evidentes que todos los hombres nacen iguales; que a todos les confiere su creador ciertos derechos inalienables, entre los cuales están la vida y la libertad y la búsqueda de la felicidad…”. En efecto, en Estados Unidos, cuna del constitucionalismo, su constitución y los derechos que esta propugnaba, no era garantizada para los ciudadanos de color . En la Europa decimonónica también vimos como los derechos reconocidos por las distintas constituciones no tenían aplicación ni protección efectiva, cosa que fue cambiando con el paso del tiempo. Pero en USA de 1963, Siglos después de la promulgación de su única constitución, el racismo y la esclavitud era un hecho vigente y arraigado en los estados sureños, destacando Mississippi donde la segregación racial se palpaba por ejemplo con distintas fuentes de agua para blancos y para negros.
La realidad para la gente de color poco había variado desde la época colonial en que fueron cazados como animales y trasladados a América donde pasarían su vida tratados como si en verdad lo fueran, en paupérrimas condiciones como esclavos. Este panorama se mantuvo, en esencia en los estados en los que pese a no darse ya una esclavitud propiamente dicha, permanecía el racismo, y de forma efectiva y con gran fuerza en los estados esclavistas del sur, donde la mano de obra esclava seguía siendo una parte importante para su sistema económico. Quizás lo más sorprendente de la situación que vivían los afroamericanos en la época de Luther King no es solo que un negro de Mississippi no pudiese votar, porque la administración blanca se lo impedía; lo que realmente llama la atención es que hubiese, como cita King en este discurso, negros en Nueva York que consideraban que no había porque votar. No estamos hablando ya solo de una opresión por parte de la población blanca, sino también de una autorrepresión por parte de las gentes de color.
También destacan entre otras acertadas metáforas en referencia a la cultura popular americana como es al texto de su constitución, su himno, el góspel…, intertextualidades que remiten a grandes personalidades como Gandhi, sin duda fuente de inspiración para King cuando insta a su gente a una lucha espiritual, sin violencia, en vez de una lucha física para conseguir su ansiado fin de libertad e igualdad. Sin duda, los descendientes de los esclavos que esculpieron el busto de Lincoln en Monte Rushmore, reunidos bajo su memorial veían en King la promesa de aquel sueño americano del que tanto habían oído hablar pero que nunca antes pudieron siquiera vislumbrar, y que finalmente pueden ahora saborear como cualquiera de sus compatriotas.
Afortunadamente, hace tiempo que lo que aquel pastor predicó, no de las palabras de Dios, sino de la mismísima constitución de los Estados Unidos, es una realidad. Hace tiempo que para los jóvenes resulta extraño un mundo en el que no seamos todos iguales sin importar nuestra piel. Pero aunque para nosotros el racismo se ve lejano, seamos negros o no, aun hoy las palabras de Luther King llegan a nosotros con el mismo sentido y la misma fuerza que cuando fueron pronunciadas. Hoy estas palabras todavía sacuden ideas y remueven conciencias. Hoy la promesa de igualdad de la constitución americana es una realidad para todos los estadounidenses. Hoy el sueño de King es una realidad palpable.